Suena el despertador. No es demasiado temprano pero cuesta levantarse, simplemente porque es fin de semana. Preparo la mochila como si fuese a entrenar, y añado un par de gorros más, siempre por si acaso. Es la hora y María me recoge en la puerta de casa. Salimos pronto para poder aparcar, a las dos nos gusta llegar pronto a todas partes. Nos cambiamos y subimos a las piscinas. Mientras esperamos a que dé la hora comentamos cómo vamos a llevar la clase, y nos preguntamos quiénes vendrán hoy. Otra clase más de WIME Gota-a-Gota.

La primera vez que me propusieron ser monitora de estas clases recuerdo estar muy nerviosa. No había dado clases de natación anteriormente, solamente alguna cosa suelta a mis primos pequeños y poco más. Poco a poco fueron llegando nuestros “alumnos”, nos presentamos uno a uno y empezamos a calentar fuera del agua. Mientras, nos aprendíamos los nombres y bromeábamos un poco para romper el hielo. ¡La cosa pintaba bien! Olaso se quedó con los que tenían menos habilidades en el agua, y María y yo con el resto, que se defendían bastante bien para nuestra sorpresa. Así que prácticamente lo que hicimos fue darles algunas pautas técnicas para mejorar el estilo y que flotasen más. Realmente se pasó el tiempo volando. Nos lo pasamos genial, seguramente mejor que ellos. Al terminar Joseba nos comentó que todos hablaban de lo bien que había estado la clase, que les había gustado mucho y que a ver si en la siguiente íbamos a estar los tres otra vez. Escuchar eso nos llenó de alegría, saber que algo que has hecho con ilusión haya llegado a motivarlos es realmente gratificante. Por supuesto, cuando nos preguntaron si nos animaríamos a dar también la siguiente clase, dijimos que sí.

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Ya van 4 clases y nos hace la misma ilusión que la primera vez, solo que ahora tenemos más confianza con nuestros aprendices. Aunque siempre hay alguien nuevo, hay muchos que repiten la experiencia, y cuando no vienen se les echa en falta. Hay tanta complicidad que nos invitaron a ir a una pequeña fiesta que organizaban para recaudar fondos. Entre que no les podemos decir que no a nada y nos dijeron que iba a haber talo… ¡ALLÍ FUIMOS!

Esta última vez, a parte de las personas que vienen de la fundación Argia, se apuntaron otros 4 chicos más a chapotear con nosotros. Aunque fue un poco caótico porque necesitaban más atención en el agua, espero que vuelvan la próxima vez. María consiguió que uno de ellos, que venía tremendamente nervioso porque no sabía nadar, empezase en la piscina pequeña y acabase nadando unos metros en la más grande. Entre Nahikari y yo hicimos lo que pudimos con los otros tres, que entre risas por cómo lo hacía uno y el otro, no nos hacían demasiado caso. Qué le vamos a hacer, tienen 17 años, ¡es lo que toca!

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Así es como gracias al equipo de WIME, fundación Argia y ahora también Nahikari y los chavales del centro de menores, podemos compartir nuestra ilusión por este deporte con más gente. Además, todo es más fácil cuando estás tan bien acompañada.

Sobre todo quiero dar las gracias a German, por confiar en mí y contar conmigo para proyectos tan bonitos como éste, a Joseba, Amaia y Marina, que graban y montan vídeos preciosos, a la fundación Argia y a Nahikari por traer gente tan espectacular a las piscinas, y a mis compañeros Maria y Julen, no podría compartir experiencia con gente mejor.

Gracias a todos, nos vemos en la siguiente.

Itxaso Alonso

 

 

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