Ayer se celebró el Trofeo Santurtzi, esa cita tan esperada por estilistas y tan odiada por los haters de los estilos, cada uno ensañándose con el estilo que peor le deja ante la grada. Dos pruebas para clasificarse por la tarde: 200 estilos y 100 libres. Una prueba que nadaré 15 veces al año, así a ojo. Otra que… bueno, la nado en este trofeo lo más rápido que mi cuerpo me deja. A frecuencias altas mi cuerpo no responde, qué le vamos a hacer.

Embutida en mi precioso Arena me dispongo a nadar la primera prueba. Esperaba acercarme a 2.33, tampoco me veía bien para repetir marca ni rebajarla. Comentábamos en la cámara de salidas a ver quiénes estaríamos por la tarde, ya que somos pocas absolutas en general y por la tarde muchas tenían compromisos. Vamos, que solo una descalificación podía separarnos de la clasificación.

¡DESEO CONCEDIDO!

¡Maldita sea la salida del 200! Salida anticipada de la calle 4 (servidora). Perdón, ANTICIPADÍSIMA ya que salté antes y la salida fue lentísima. Bien Itxaso, BIEN! Puedo contar con una mano las veces que me han descalificado:

  1. Competición escolar, me comí la pared en un giro de espalda. Era mi segunda competición y me llevé un gran disgusto.
  2. Campeonato de España por Comunidades, 200 braza por la calle 0. Patada irregular qué los entrenadores fueron a reclamar. En esa misma prueba los dos nadadores masculinos también fueron descalificados. Los bracistas vascos gafados.
  3. Trofeo Sestao, 100M, escuché el pitido en el agua. Una gran escapada. Nadé el 100M a tope, a ver qué pasaba, ya nada podía ir peor.
  4. Trofeo Santurtzi. Salida anticipada. Ruido en las gradas y por no echar la culpa al ambiente, desconcentración? No lo sé, según estaba saltando no entendía cómo me podía estar pasando eso a mí.

Yo, la que se clava al poyete aun en las salidas más lentas y largas que una película mala sobre tiburones. Yo, que llevo toda mi vida nadando y jamás he estado desconcentrada en una salida. No sé si fue la falta de concentración o el exceso de confianza. Puede que las dos. Pero fue la primera vez en mi vida que vi las finales desde la grada… Realmente me sentía desgraciada. Además por la mañana las bromas y comentarios eran constantes. Vale, sí, yo misma me reía de la situación. ¿Qué iba a hacer sino?, ¿llorar? Ganas no me faltaron, pero me lo tomé lo mejor que pude. Pero viniendo de otras personas no sientan bien, no es algo bueno para nada. Tal vez para no volverlo a repetir, para recordarme que nada está hecho antes de nadar y como me dijo Maialen “para enseñar a los pequeños lo que NO hay que hacer”. Tenía tantas ganas de nadar por la tarde que si me dejaban (porque lo pedí) estaba dispuesta a nadar las tres pruebas restantes fuera de concurso. ¿Cuándo sino voy a nadar un 100 espalda este año? Probablemente no lo haga ya…

Viendo la parte positiva de la desgracia de Trofeo, ésto me sirve para reflexionar y centrarme. Estas semanas van a estar repletas de competiciones en las que no quiero fallar. Y por otro lado, estuve de fotógrafa oficial del equipo, que pese a que fue duro soportar el calor y la luz hizo que ciertas fotos saliesen oscuras, me lo pasé genial fotografiando LA MAZADA DEL GIW! Porque fuertes estamos un rato! Así que aquí os dejo los integrantes del GIW que se clasificaron y dieron espectáculo en Santurtzi. El año que viene volveremos a pelear por el trofeo.

Because we´ll make GIW great again!

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