Es lunes 5 de septiembre, me he levantado sabiendo que me quedan horas de vacaciones, esta noche ya no duermo en mi cama. Pero no es un lunes triste, es el primer lunes de la temporada y la pretemporada, aunque duela, siempre se coge con ganas.

Tengo ganas de que lleguen las 18:45 y entrar en la piscina, ver las caras morenas y las otras paliduchas, es un ritual universal post verano. Tengo ganas de ver qué me depara esta temporada. He perdido la cuenta de todas las temporadas que llevo nadando, pero ninguna ha sido igual ni parecida. Son ganas de saber cuánto más da mi cuerpo de sí, ganas de hacer las cosas mejor, ganas de sonreír después de una competición y sentirme la persona más feliz del mundo.

Además, sé que van a haber compañeros nuevos en el club, no sé quienes ni cuantos. Me gusta que haya gente nueva, sobre todo si es gente que va a aportar algo bueno al club, o que anteriormente no conoces y descubres un gran amigo y compañero de equipo. Yo fui la nueva y qué orgullosa estoy de haber conocido mejor a gente tan maravillosa. Y cómo nueva que he sido (varias veces), me puedo imaginar lo que se les puede pasar por la cabeza, o las dificultades que puedan tener. La gente que me conoce bien sabe que ante esas situaciones soy la primera que ofrece ayuda o al menos está dispuesta a ello si me lo piden. ¡Qué menos que hacer sentir cómodo a alguien en un nuevo entorno!

Eso sí, la pretemporada es preciosa por los reencuentros, pero el momento de nadar los primeros largos es ¡mortal! Nos imagino a todos como leones marinos al sol en verano y al llegar septiembre nos movemos torpemente al agua y justo justo flotamos. ¿Y cuando toca nadar mariposa?

¿Cómo iba esto…? A ver, sacas los brazos y das la patada y metes la cabeza después… Vale, ahora intenta hacerlo bien… ¿Antes los brazos los arrastraba por el agua o iban por encima…?

Martes 6 de septiembre, empieza otra pretemporada. Ayer ya noté como el agua pesaba más de lo que recordaba. Aquí ya estoy pensando en lo que más odio del mes de septiembre, CORRER. La pretemporada en Judizmendi es muy distinta a la de Getxo, pero lo que me hace sufrir es el seco antes de nadar. Me supera. Voy a tomármelo con filosofía e intentar no morirme en los primeros 100 metros de carrera. Me duele pensar en las agujetas que voy a tener mañana, noto las piernas cansadas con solo preparar la mochila. Pero hay que hacerlo, es solo un mes…

Viernes 30 de septiembre, estoy en el bus yendo a casa. Hoy es el último día de pretemporada y menos mal. No me costó tanto empezar el año, mi peor pesadilla, correr, lo estaba llevando bastante bien, hasta que se fastidió: mi rodilla volvió a dar problemas. Me empezó a doler un viernes, pero era aguantable, pensé que el fin de semana se me pasaría. PENSABA. El lunes después de salir a correr la rodilla tenía vida propia. Mi daban pinchazos, me dolía constantemente, casi no pude dormir del dolor por la noche… Otro año más vuelve la tendinitis. Hace dos semanas que no corro, no puedo hacer sentadillas ni nadar braza. Y lo peor no es no poder nadar braza, sino tener que hacerlo con pies a mariposa y sentirme una anguila.

Quitando las desgracias de mi querida rodilla izquierda, me siento bien en el agua. Me noto con fuerza para seguir al grupo, con ganas de tirar de él si hace falta. Tengo buenas sensaciones y espero que, como ya me pasó el año anterior, las lesiones no sean un problema en esta temporada.

Ahora lo único que quiero es llegar a Getxo por la tarde y entrenar con mi equipo para cerrar por fin la pretemporada. Ya estoy pensando en competir…

Y a vosotros, ¿qué tal os ha ido septiembre?

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