Siento mucho que en todo el verano no haya escrito nada referente a mis travesías. Mi excusa si vale es que el ordenador portátil me iba fatal y el ordenador de mesa me jugaba malas pasadas , antas que a veces todo lo que había escrito no se guardaba y tenía que volver a empezar.

Además este verano se me a pasado volando pero he tenido una temporada de bajón que me impedía expresar lo que sentía de manera correcta , por lo que ahora que parece que tomo el rumbo del curso que empieza vuelvo a estar dispuesta a escribir.

Os pido perdón de antemano ya que se que el éxito de un blog es el tenerlo activo y actualizado y sólo espero que esta pausa veraniega no haga que perdáis el interés por el mismo.

El wp-1473356570793.jpgpasado día 16 se celebró en Ondarroa la XXXI Travesía Memorial Elena Fdez Iturrioz. Esta travesía fue la primera en la que se estrenaron mis hijos Itxaso y Jon cuando contaban 6 y 4 años respectivamente y donde sobre todo Itxaso empezó a tomar gusto por hacerlas. De eso hace ya 13 años.

Se supone que todo iba a ser como otras veces, aunque mi hijo Jon estaba en el Campeonato de España en Canarias y no iba a venir mi hija Itxaso sí iba a nadarla y yo debutaba con ilusión pero con miedo.

La noche anterior dormí poco y mal y a la mañana siguiente estaba ya despierta a las 7 de la mañana con la mochila preparada y metiendo presión a los de casa para salir pronto y llegar sin prisas.

Es curioso que pese a que había visualizado la prueba e intentaba estar tranquila mi estomago que decía lo contrario mientras tomábamos un café en el bar de la playa. Iba pasando el tiempo y mi idea de llegar pronto me estaba pasando factura. A medida que llegaba gente, aunque soy muy relaciones públicas y hablo con todo el mundo, intentaba no ver a nadie. Para colmo cuando fui a coger el dorsal casi me da algo cuando el número asignado era el 666….no podía ser buena señal. Me puse el bañador y saludé a mis dos compañeros de entrenos Ramon y Jaime, que me tranquilizaron y aconsejaron que disfrutase. Faltaba poco para la salidan y fui con mi hija para ver salir a los chicos. Poco antes de salir, unas chicas muy majas se acercaron a mi diciéndome con mucho cariño que se me veía la cuerda del tampax. ¡Por Dios! ¡Que vergüenza! Lo que me faltaba… Arreglado el entuerto discretamente nos pusimos todas las chicas en la arena para salir.

Mi hija por supuesto delante y yo detrás del todo… Yo alucinaba con la cantidad de mujeres triatletas y nadadoras que había. Dieron el pitido y corrí al agua detrás de un grupo de mujeres de mi edad. Las primeras brazadas fui entre un grupo numeroso que poco a poco se fue dispersando hasta que nos quedamos cuatro chicas juntas. El mar, que en un principio parecía estar como un plato, se movía bastante y empezaron unas olas muy molestas a las que yo no estaba acostumbrada y me marearon. La chica que iba a mi derecha lo iba pasando mal, al igual que yo, y le decía a su amiga que iba delante que lo dejaba. Su amiga la animaba continuamente diciéndola que siguiera, que ella podía, que la boya estaba cerca, pero yo aunque en silencio compartía el mal trago de mi compañera de nado.

El pánico se apoderó de mí, me paré varias veces y ese fue mi error, pues vomité en el agua. Un piragüista que iba a nuestro lado nos iba tranquilizando diciendo que al acabar el espigón y llegar a la primera boya las olas nos ayudarían. La chica de mi lado lloraba y yo no se si por solidaridad o porque ya no podía contenerme también. Yo no quería quedarme sola y me esforzaba por estar entre esas cuatro chicas. Si me quedaba sola me rendiría. La chica que iba delante de mí la verdad hizo un montón de metros para animar a su amiga y de paso a mí también me ayudó con su incansable aliento y su frase: ¡No me jodas Diana, tu si puedes, sigue nadando !. Yo ya iba sin control, intentando no tragar más agua y mareada, cuando vi a mi lado un ka-yak conocido. Era mi marido que había venido a por mí. Me dijo que la boya la tenía delante. Estuve a punto de decirle que lo dejaba pero él me acompañó todo el recorrido hasta la siguiente boya animándome y diciéndome que nadara largo, que estirara, que respirase bien y que si apretaba un poco cogía a las dos chicas que, al yo pararme, se habían distanciado un poco de mí. Gracias a esto logré nadar más tranquila y visualicé la arena y la meta a pocos metros.

Toqué la arena y me puse de pie llorando donde acababan de llegar dos de mis compañeras de lloros, a las cuales me abracé. Detrás de mí entró otra chica y bastante después una señora ya mayor que se llevó una gran ovación y un trofeo.

La verdad que lo pasé mal por no estar acostumbrada a nadar con el mar movido y porque mi cabeza me jugó una mala pasada. No supe manejar la situación y pararme tanto en vez de seguir nadando fue la peor opción. 

Me di cuenta de cual frágiles somos en el mar y que los peores miedos salen en situaciones de pánico.

De todas formas siempre pienso que de todo se aprende y aprendí que hay que entrenar mucho y que la piscina no es el mar. Me planteé no volver a nadar más travesías, pero si me rendía a la  primera de cambio iba a sentirme fatal, así que pensé que para la próxima tenía que cambiar mi mente… “¡Allá vamos Getaria-Zarautz!”

 

Bañador por Mójate By Anpi

Distancia: 1500 metros señalizados con boyas

Clasificaciones: http://www.ondarruit.eu/denborak-ikusgai-xxxi-ondarroako-itsas-lasterketa-ii-elena-fernandez-iturrioz-memoriala/?lang=es

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