Pertenecer a un equipo implica sentimiento, unión, amistad, orgullo y hacer tuyos los colores de la equipación. ¿Y cuando cambias de club, qué hay de ese sentimiento de equipo? Yo lo he hecho y aquí mi experiencia.

Todo empezó el día que hacía la prueba en Santurtzi después de haber estado nadando desde los 4 años en el polideportivo del barrio. Esa piscina se me quedaba pequeña según mi monitor. Ese día estaba muy nerviosa, pero di la talla y me cogieron para entrar en el club, a los 9 años. En cuanto salí de la piscina fuimos mi padre, mi primo y yo a la oficina para comprarme el equipaje, el gorro y el bañador del club. Me vestí con el chandal morado y ya me sentía parte de algo sin conocer siquiera a mis compañeros de calle. Todavía tengo el primer polo blanco de cuello lila que compré aquel día (insistieron tanto en que me tenía que quedar grande que aún me vale). Y con esos colores me pasé 8 temporadas.

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Equipo escolar Club Natación Santurtzi (2008)

Fue muy duro tener que abandonar mi club, mis compañeros y dejar atrás todo lo que habíamos conseguido juntos. Jamás olvidaré la temporada en la que fuimos a Huesca, el viaje interminable de 7 horas, el albergue con forma de pirámide con las ventanas rotas y una exposición nazi en la entrada. Esa temporada fuimos un equipo fuerte. Las Copas de Euskal Herria con Santurtzi son uno de los mejores recuerdos que tengo. En la Copa no solo es hacer tus mejores marcas, sino hacerlo lo mejor posible para que el equipo gane puntos. Y también aquel relevo en el que nuestros chicos se jugaban permanecer el año siguiente en la Copa contra Oarsoaldea; todo se decidía en el último relevo de la competición. Si ellos tocaban antes estábamos fuera. Cada posta nos aceleraba más el corazón, los dos equipos animamos como si nos fuese la vida en ello. La placa marcó UN EMPATE. Y ese empate nos aseguró la plaza masculina. Fue de lo más emocionante que recuerdo con mi marea morada.

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Copa Euskal Herria (Irun, 2013)

Después de llorar mucho y despedirme, llegué a un club más humilde. Éramos muy pocos nadadores, algo a lo que yo no estaba acostumbrada. Desde el minuto 1 me acogieron como si llevásemos nadando toda la vida juntos. A mi me hacía especial ilusión vestir equipación verde oscura, ya que casi toda mi familia por parte de mi padre son de Sestao, llevaba los colores en la sangre. Algo de lo que me alegro más aún es de haber conocido a 4 personas que por nada del mundo quiero perder, 4 de mis mejores amigos en este momento. Nos veremos poco pero seguimos siendo una piña.

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Club Natación Sestao, Trofeo Las Norias (2014)

Aunque estuve a gusto en este club, las cosas se torcieron y nos llevó a mi hermano y a mí a hacer un segundo cambio, esta vez a Getxo, mi club actual. Es comprensible que pensase que yo ya no iba a sentir los colores de ningún equipo. En Santurtzi pasé muchos años y en Sestao no los suficientes como para recuperar ese sentimiento de equipo que yo añoraba. He de añadir que entré al club con muchos prejuicios que iban a ir cayendo a medida que pasaban los entrenamientos.

Desde fuera Getxo me parecía un equipo de élite en Bizkaia y también en Euskadi. Muchos de los mejores nadadores de Euskadi se encontraban allí y tenían muy buenos nadadores en todas las categorías. Viendo sus resultados los entrenamientos tenían que ser de ese nivel, y a mí me asustaba no estar a la altura. Me costó empezar, no seguía su ritmo y llegaba a casa frustrada por no ser capaz de entrenar bien. Además, ese año estaba en segundo de bachillerato, estudiando para selectividad y tenía que faltar a los entrenamientos más de lo que cualquier deportista desea.

Este año, ya en la universidad, he podido entrenar más y mejor. He conseguido bajar casi todas mis mejores marcas de mis pruebas y, dejando a un lado los logros deportivos, vuelvo a sentir los colores de un equipo. Creo que el detonante del sentimiento del que os he hablado al principio fue la Copa Euskadi este mismo año. Exactamente fue el 800L, esa prueba en la que yo tampoco tenía muchas esperanzas porque los ritmos en los entrenamientos no me salían del todo bien, pero fue empezar a nadar y ni inmutarme de lo bien que me estaba saliendo. Es más, Beñat, mi entrenador, me marcaba 4 segundos por debajo cada 100, y yo pensaba que se estaba equivocando al marcarme los tiempos. PARA NADA. Bajé 11 segundos mi marca. Todo el equipo felicitándome, contándome cómo vieron mi prueba desde fuera, diciéndome lo bien que lo había nadado… Fue increíble y yo me sentía bien por los puntos que había conseguido. Y ahí fue cuando me di cuenta de que formaba parte de algo que pensaba haber perdido; UN EQUIPO.

 Yo era de las que pensaba que mi sentimiento siempre iba a ser morado, que yo era de Santurtzi, pero fue empezar a competir con el gorro granate, sentirme tan acogida por mis compañeros de equipo y entrenadores, que mi corazón se tiñó de granate. Sí, ya puedo decir que soy de Getxo y estoy muy orgullosa de ello. Gracias por todo equipo.

AUPA GIW!

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Getxo Igeriketa, Copa Euskal Herria (2015)

 

Itxaso Alonso

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