Ayer sábado día 11 de Junio era el día elegido para probar el tan ansiado neopreno Orca que había recibido hacía unos días en mi casa. No dormí mucho porque estaba nerviosa pensando en que iba a meterme al mar después de mucho tiempo, con una prenda que nunca había utilizado y que desconocía como me iba a sentir con ella y por un dolor en el codo que me llevaba molestando toda la semana. Aún así a las 7:45 ya estaba levantada preparando la bolsa con lo necesario.

A las 8:30 salimos de casa para dejar primero en Getxo a mis hijos en su entrenamiento de natación. La playa donde iba a probar el neopreno no podía ser otra que mi querida Plencia, playa donde he nadando infinidad de veces mientras veraneaba y vivía allí. Pensaba que iba a estar sola a esas horas pero no era así: al llegar y, a pesar de ser apenas las 9’15, me sorprendí de ver a tanta gente; y es que casualmente se celebraba una competición de piragüismo y, además, en la arena había varios torneos de voleibol.

 El cielo estaba cubierto pero la temperatura era agradable, habría unos 17 grados. Armada de paciencia y con mi ayudante al lado empecé a ponerme el neopreno con sumo cuidado, con guantes y con una bolsa de plástico para meter los pies y poco a poco fui ajustando el neopreno hasta el tórax. Tocaba el turno a los brazos y como había visto en un vídeo me puse también una bolsa en las manos que, para mi desgracia, se quedó atrapada en la manga y casi no pude sacarla, situación que hizo que mi ayudante se partiera de risa. Quedaba solo subirme un poco más el traje y cerrar la cremallera para estar lista, pero he olvidado un detalle… me había dejado la vaselina para el cuello en casa y la toalla para secarme estaba en el coche.

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Neopreno Orca TRN Thermo

Pensando que con lo que iba a nadar no tendría problemas de rozamiento, he terminado de ponerme el traje y, para rematar la faen,a me han entrado unas ganas terribles de hacer pis…! No podía ser… y en el agua no pensaba hacerlo!  Así que tocaba aguantarse. 

Con gafas y gorro puesto fui a la arena, acercandome al agua y cuando la toqué me quedé grátamente sorprendida de que no estaba nada fría, estaría a unos 16 grados. La marea estaba alta, pues la pleamar era a las 10:30 y me fui metiendo hasta que el agua me cubría el pecho. Pensaba nadar en paralelo a las boyas que van desde la playa de Plencia hasta Astondo y volver.

En cuanto empecé a nadar me sentí rara, con el neopreno flotaba más y era diferente el nado. Con más miedo que otra cosa fui braceando como me han enseñado estos meses y noté que a pesar de que el movimiento del brazo y hombro era mas limitado que sin neopreno, no iba nada incómoda.

Poco a poco fui pasando boyas pero, a pesar de que el mar estaba muy calmado, las pequeñas olitas constantes que me mecían consiguieron marearme y me tuve que parar varias veces para ponerme vertical y recuperar la normalidad.

Estaba a mitad del recorrido hacia Astondo cuando algo rozó mi pie y me puse nerviosa. Seguramente era algún pececill,o pero allí sola sin nadie me entró el pánico y me obligó a nadar más rápido de lo que yo pensaba y mi pulso y respiración parecían un potro desbocado. En ese momento meacordé de las palabras de un entrenador de remo de mi marido que decía:

“No hay que perder la compostura y cuando las fuerzas ya no acompañan hay que hacer uso de la buena técnica.”

Dicho y hecho, me calmé, llegué a la boya de Astondo y dí la vuelta de regreso a Plencia.

Debo añadir que el cuello del Neopreno me iba rozando y el escozor era insufrible (cosas de novata), así que estaba deseando llegar a la arena. En mi vuelta me crucé con otros dos nadadores con neopreno que hacían el mismo recorrido que yo.

La vuelta se mimg_20160612_154000.jpge hizo más corta que la ida y ya en la arena casi corrí hacia el paseo de la ría. Al quitarme las mangas y bajarme el neopreno hasta la cintura me dijeron que tenia el cuello en carne viva. Tras la ducha y ya vestida tocaba ir al Santy’s a por un cafecito y un pincho y sobre todo a hacer el pis que llevaba aguantando casi una hora.

Mi resumen del día es que me gusta nadar más sin neopreno, más que nada por la libertad de movimiento, y que no soy tan friolera como yo creía. También tengo que decir que a pesar de estar a unos pocos metros de la playa, me dio un poco de miedo el nadar sola, pero me ha gustado probarme a mí misma.

Ahora empezaré a entrenar más en el mar para acostumbrarme a su vaivén. Del neopreno Orca tengo que decir que, pese a no ser un modelo de gama alta, las prestaciones que me ha ofrecido han sido mejores de lo que yo esperaba, ya que no he sentido mucha incomodidad en brazos ni hombros al nadar. ¡Será cosa de acostumbrarme a ese tipo de sensación!

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