Este post está escrito por mi hija Itxaso Alonso. Como comprobaréis está escrito desde el corazón y con la pasión de un nadadora de 19 años que lleva desde los 4 a remojo y que compagina sus estudios con los entrenamientos.

 

Desde el año 2005 he dedicado todos los veranos  a lo que más me apasiona en esta vida, las aguas abiertas. He nadado cantidad de travesías desde entonces, tanto en la categoría infantil, que es cuando me enganché a esto, como las absolutas. El cambio de distancia no fue algo que me pillase por sorpresa o que me asustase, no fue un problema para mí, siempre he sido nadadora de fondo. Lo que sí que me sorprendió fue la de pocas chicas que había en el agua conmigo.

Fue en mi primera travesía, Getaria-Zarautz, cuando me di cuenta que esto trataba de hacerse valer entre hombres. Simplemente la salida ya fue un “sálvese quien pueda”: primera fila, tenía la corchera de la línea de salida a la altura de la frente, el corazón en la garganta y dos hombres con enormes brazos a mi lado. Después del pitido yo era un sandwich entre ellos y mi nariz la diana de una fuerte patada, y hay que aguantar, ya que son 200 personas las que van en el grupo e intentan abrirse camino detrás (o por encima) de ti. Pasaría tiempo hasta que viese un bañador de mujer. Me alegró bastante porque al final, es a ella a la que tendría que ganar, y no a los 40 hombres que ya había adelantado después de hacerme hueco entre sus manotazos y patadas. Entrenando ahora en el Judizmendi esCgGFs-pUIAA-_MJ igual: mis entrenamientos están dirigidos para nadar fondo y estilos. Hay bastantes chicas en este grupo, pero son más jóvenes que yo y tirando de ellas las saco demasiado. Por eso, al final de mucho esforzarme y demostrar que yo podía con esto, me pasaron a la calle donde mayoritariamente son chicos. Sí que es verdad que al principio me costaba seguir el ritmo. Yo estaba en ese intermedio de las dos calles de fondo; ni el ritmo de ellas ni el de ellos. Pero poco a poco me fui ganando el estar allí. Claramente ellos son más fuertes, más rápidos, tienen más potencia de brazada y sobre todo los submarinos son notablemente más eficaces, pero eso no es un obstáculo en mis metas. Si quiero ser más rápida y bajar tiempos, tengo que entrenar más y mejor, y esa es la calle adecuada para hacerlo. Dicen que todo se pega menos la hermosura, ¿no? Hay una cosa con la que me río mucho antes de empezar a entrenar, y es que mi entrenadora suele decir: “Las chicas ya podéis empezar”. Yo miro a las de esa calle y las pregunto entre risas: “Bueno, ¿y yo qué soy?” y me responden “¡Tú chico, tú chico!”.

Hoy he descubierto una mujer con la que sentirme un poco identificada en este aspecto, una de esas que marcan un antes y un después en la historia, una qué dio voz a la natación femenina. Se llamaba Gertrude Ederle, conocida en su ciudad como “Queen of waves” (Reina de las olas). Ella fue la primera mujer en cruzar el Canal de La Mancha con tan solo 19 años, batiendo también el anterior récord impuesto por el argentino EnrEderle-stars-the-swimique Tiraboschi. Al acabar la hazaña dijo: “las mujeres también pueden cruzar el Canal de La Mancha”. Desde entonces, las diferencias entre hombres y mujeres en la natación han ido disminuyendo, y siguen haciéndolo cada vez más. A Annette Kellerman, la nadadora australiana que fracasó en tres ocasiones, se le tuvo que cortar la digestión al saber lo que Ederle había conseguido 20 años después de que ella dijese lo siguiente: “Creo que ninguna mujer reúne la fuerza y la resistencia necesarias para realizar la travesía del canal. Por eso pienso que nadie de mi sexo conseguirá llevar a cabo semejante hazaña”. Si esta mujer fuese mi entrenadora seguramente yo seguiría en la calle con las chicas… Cada año son más los bañadores femeninos que cuento entre tanto slip, y también son más los referentes que tenemos en aguas abiertas. Una de las grandes ya se nos ha unido; la mismísima Mireia Belmonte se ha adentrado en estas competiciones sin virajes ni corcheras, otra tragamillas que añadir a la lista, y es así como más niñas querrán seguir adelante, pasar de los 800m a los 5000, al igual que la neoyorquina Ederle, también querrán convertirse en reinas de las olas.

Itxaso Alonso

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